Vida de pulgas
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La jornada laboral de muchos de nosotros está planificada, controlada, medida y por lo tanto nos la pueden optimizar, sabemos qué vamos a hacer a lo largo del día, día tras día y esto va a más.
Las máquinas han reemplazado a muchos, pero esto no ha acabado, la mayoría de las organizaciones y en todos los sectores se han animado a convertir a sus trabajadores en máquinas.
Cuando yo trabajaba en organización, en lo que entonces se llamaba ingeniería de procesos y de eso ya ha llovido, decíamos que lo que no se puede medir no existe, que si se puede medir se puede hacer más rápido y con menos personas y que si lo ponemos en un manual lo podemos externalizar y si lo podemos externalizar lo podemos obtener más barato. El resultado de todo esto son más empleados frustrados y cada uno de ellos genios desperdiciados, trabajando como máquinas, luchando contra reloj para conseguir otra póliza o ver otra paciente. No tiene por qué ser así.
Cuando el empleado depende de la dirección, de la fábrica, de la maquinaria y de los sistemas, la relación está plagada de conflictos y siempre es más fácil sustituir al empleado. Hoy en día, los medios de producción se reducen a un ordenador portátil, un móvil, una página web, con tres mil euros cualquiera tiene todo a su disposición. Cuando eres capaz de dominar los elementos de comunicación, conceptuales y de conectividad, tienes un gran poder. En una organización unipersonal, no hay nadie fácilmente sustituible. Esta idea se está extendiendo, creando organizaciones formadas por pulgas, en vez de levantar organizaciones llenas de autómatas humanos. Esto lo cambia todo.








