Mientras sigo avanzando con el libro que estoy escribiendo, hay una pregunta que cada vez me ronda más la cabeza:
¿Y si estamos demasiado acostumbrados a buscar respuestas demasiado rapido?
En el día a día de una empresa hacemos planes, analizamos datos, diseñamos modelos y tomamos decisiones.
Y muchas veces lo hacemos bastante bien.
Pero últimamente me estoy dando cuenta de que hay algo que hacemos menos:
pararnos a preguntar.
Preguntar si realmente conocemos a nuestro cliente.
Si lo que creemos que necesita es realmente lo que necesita.
Si lo que pensamos que va a funcionar tiene alguna evidencia detrás.
Si estamos tomando una decisión porque tenemos datos… o porque simplemente nos parece una buena idea.
Esta reflexión está teniendo mucho peso en el libro que estoy escribiendo.
Y también en mi forma de trabajar.
Porque una buena pregunta puede hacer algo muy sencillo, pero muy poderoso:
hacerte parar.
Y a veces, cuando paras, descubres algo que estaba delante de ti y no estabas viendo.
El libro sigue avanzando.
Y cada vez tengo más claro que va a hablar mucho menos de tener respuestas rápidas…
y mucho más de hacer mejores preguntas.








