Hay algo curioso en la experiencia.
Cuanto más sabes, más respuestas tienes.
Pero también empiezas a descubrir cuántas veces esas respuestas no sirven.
Porque cada organización es diferente.
Cada persona es diferente.
Cada situación tiene algo que no habías visto antes.
Durante mucho tiempo pensé que mi experiencia consistía en saber qué hacer.
Hoy creo que una parte importante de mi experiencia consiste en saber qué preguntar antes de decidir qué hacer.
No significa dejar de aportar.
Ni renunciar al conocimiento.
Significa no utilizarlo demasiado pronto.
Porque una respuesta rápida puede cerrar una conversación.
Una buena pregunta puede abrirla.
Y quizá ese haya sido uno de los cambios más importantes de mi trayectoria:
pasar de intentar tener razón a intentar comprender mejor.
No sé si tengo menos respuestas que antes.
Lo que sí sé es que ahora tengo muchas más preguntas.
Y, curiosamente, me siento bastante más cómodo con ellas.








