Durante muchos años viví del lado de las respuestas.
La empresa, la tecnología, la gestión, los resultados.
Había que decidir.
Resolver.
Avanzar.
Hacer que las cosas sucedieran.
Y aprendí mucho de aquella etapa.
Aprendí a gestionar problemas, a asumir responsabilidades, a tomar decisiones cuando no había toda la información.
Pero con el tiempo descubrí algo.
No todos los problemas necesitan una respuesta más rápida.
Algunos necesitan una pregunta mejor.
Entonces empezó otra etapa.
Me formé en coaching.
Y empecé a descubrir el valor de acompañar sin tener que decirle al otro qué debía hacer.
No fue un cambio de una vida por otra.
Fue más bien aprender a unirlas.
Hoy intento poner la experiencia de la empresa al servicio de una mirada diferente.
Una que pregunta antes de responder.
Porque quizá las dos etapas no eran tan distintas como pensaba.
En las dos intentaba ayudar a las personas a avanzar. Solo había cambiado la forma de hacerlo.








