A veces pensamos demasiado.
Le damos vueltas a una idea.
Buscamos más información.
Esperamos el momento adecuado.
Queremos tenerlo claro.
Y mientras tanto, no hacemos nada.
Con algunas cosas no hay mucho más que pensar.
Hay que empezar.
No porque sepamos que va a salir bien.
Sino porque muchas respuestas solo aparecen después de haber empezado.
Un proyecto.
Una conversación.
Un viaje.
Un cambio.
Una decisión.
Podemos pasarnos meses intentando reducir la incertidumbre antes de dar el primer paso.
Pero quizá algunas incertidumbres solo desaparecen cuando caminamos.
No siempre necesitamos otro análisis.
A veces necesitamos una pequeña acción que nos permita aprender algo que todavía no sabemos.
Quizá no tengas que estar preparado. Quizá tengas que empezar.








