Durante mucho tiempo pensé que avanzar consistía en añadir.
Más cosas.
Más proyectos.
Más responsabilidades.
Más información.
Más objetivos.
Con los años he empezado a pensar justo lo contrario.
Quizá avanzar tenga más que ver con quitar.
Quitar cosas que ya no necesitamos.
Compromisos que asumimos por inercia.
Objetos que acumulamos.
Preocupaciones que no nos corresponden.
Incluso ideas sobre cómo debería ser nuestra vida.
Simplificar no significa vivir con menos por obligación.
Significa decidir mejor qué merece ocupar nuestro tiempo, nuestra atención y nuestra energía.
Y no siempre es fácil.
Porque cada cosa que quitamos nos obliga a preguntarnos por qué la teníamos.
Quizá por eso simplificar tenga mucho que ver con conocerse.
¿Qué cosas de tu vida mantienes simplemente porque nunca te has parado a decidir si todavía las quieres?








