Una empresa tenía un problema de ventas.
Al menos, eso decía todo el mundo.
Las ventas llevaban meses sin crecer y la primera reacción fue bastante lógica:
había que vender más.
Revisaron precios, campañas, comerciales, promociones…
Hasta que alguien hizo una pregunta incómoda:
—¿Estamos seguros de que nuestro problema son las ventas?
Miraron los números de nuevo.
Las ventas no eran el problema.
El problema estaba en el margen.
Llevaban tiempo vendiendo más productos que dejaban menos beneficio.
Habían estado buscando una solución para un problema que quizá nunca habían definido bien.
A veces no necesitamos pensar mejor la solución.
Necesitamos pensar mejor el problema.
Porque una pregunta mal planteada puede llevarnos muy lejos.
En la dirección equivocada.
¿Y si el problema que estamos intentando resolver no fuera realmente el problema?








