A veces parece que solo existen dos opciones.
Estar seguro.
O no hacer nada.
Pero entre ambas hay mucho espacio.
Podemos tomar una decisión y, al mismo tiempo, reconocer que no tenemos toda la información.
Podemos decir:
“Esto es lo que creemos que va a ocurrir.”
“Esto es lo que todavía no sabemos.”
“Y esto es lo que nos haría cambiar de opinión.”
Eso no es inseguridad.
Es una forma más consciente de decidir.
Porque la duda no tiene por qué detenernos.
Puede ayudarnos a saber qué estamos arriesgando, qué necesitamos comprobar y qué señales deberíamos observar.
No se trata de dudar de todo.
Se trata de saber qué merece ser puesto en duda.
Y quizá esa sea una de las diferencias entre no decidir y decidir sabiendo que todavía hay incertidumbre.








