Un cliente me pidió que le acompañara a visitar una empresa que estaba valorando comprar.
Quería mi opinión.
Lo primero que hice fue visitarla.
No empecé por la cuenta de resultados.
Quería ver la empresa.
Hablar con las personas que trabajaban allí.
Observar cómo se relacionaban.
Intentar entender qué hacen, cómo lo hacen y con quién cuentan para hacerlo.
Para quién lo hacen.
Y, sobre todo, intentar entender por qué sus clientes lo hacen con ellos y no con otro.
Hay cosas que no aparecen en un balance.
La forma en que alguien recibe una llamada.
Cómo se habla de los clientes.
Si las personas saben explicar lo que hace la empresa.
Si el conocimiento está repartido o concentrado en dos personas.
Si el ambiente parece construido o simplemente heredado.
No creo que esto permita decidir si una empresa merece ser comprada.
Pero sí ayuda a empezar a entenderla.
Después vendrán los números.
Y los números serán importantes.
Mucho.
Pero antes de mirar cuánto gana una empresa, a veces merece la pena preguntarse:
¿Qué es exactamente lo que estoy pensando comprar?








