—El problema es él.
Lo he escuchado muchas veces.
Un director que no delega.
Una persona que genera conflictos.
Alguien que no cumple.
Un empleado que parece desmotivado.
Y puede que sea cierto.
Pero antes de convertir a una persona en el problema, quizá convenga hacer otra pregunta:
¿Qué está pasando alrededor de esa persona?
¿Qué estamos permitiendo?
¿Qué estamos premiando?
¿Qué expectativas no hemos explicado?
¿Qué conversaciones estamos evitando?
¿Qué parte del comportamiento de esa persona puede estar siendo una respuesta al sistema en el que trabaja?
No siempre el problema está en la persona.
A veces la persona está haciendo visible un problema que ya estaba allí.
Y cuando solucionamos a la persona, pero no tocamos lo que la rodea, el problema suele encontrar a otra.
Antes de señalar a alguien, quizá deberíamos mirar el sistema.








