La cultura de una empresa no es lo que pone en la pared.
Tampoco lo que dice el director general cuando habla de valores.
La cultura aparece en cosas mucho más pequeñas.
En lo que ocurre cuando alguien comete un error.
En quién puede decir que no.
En qué comportamientos se reconocen.
En qué cosas se toleran.
En lo que pasa cuando el jefe no está.
Una empresa puede decir que quiere personas autónomas y revisar cada decisión.
Puede hablar de colaboración y premiar únicamente los resultados individuales.
Puede decir que quiere innovación y castigar cada error.
No siempre hacemos lo que decimos valorar.
Muchas veces hacemos lo que el sistema nos enseña que funciona.
Por eso, cuando queremos entender una cultura, quizá no debamos preguntar solamente:
“¿Cuáles son nuestros valores?”
Sino:
“¿Qué comportamientos estamos haciendo que merezcan la pena?”








