Hay decisiones que cuestan mucho dinero.
Y otras que cuestan meses.
Algunas cuestan clientes.
Otras, oportunidades.
Antes de tomar una de ellas solemos preguntarnos:
—¿Qué podemos hacer?
Quizá deberíamos añadir otra pregunta:
—¿Qué tendría que saber antes de decidir?
Porque no toda la información tiene el mismo valor.
A veces pasamos semanas recopilando datos que no van a cambiar nuestra decisión.
Y, sin embargo, dejamos sin comprobar aquello que sí podría hacerlo.
Una buena pregunta antes de decidir puede ahorrarnos mucho trabajo después.
No porque nos garantice acertar.
Sino porque nos ayuda a descubrir qué necesitamos saber antes de comprometernos.
Quizá la pregunta más útil antes de una decisión no sea:
“¿Qué hacemos?”
Sino:
“¿Qué necesitamos saber antes de hacerlo?








